sábado, 16 de septiembre de 2017

TODO, MENOS VENIR PARA ACABARSE

Vivir para estar vivo. Parece una redundancia, aunque quizá no lo sea. Hay tanta gente que vive a medias. Encendida pero a media luz. Despierta pero con la mirada soñolienta. 
Concha Méndez era una mujer vitalista, puro nervio, y la imaginamos escribiendo este poema como si fuera corriendo entre la gente subiéndoles la luz, la emoción, la intensidad, enseñándoles que la vida, mientras dura, es siempre un inicio, no un final.



Todo, menos venir para acabarse. 
Mejor rayo de luz que nunca cesa; 
o gota de agua que se sube al cielo 
y se devuelve al mar en las tormentas.

O ser aire que corra los espacios 
en forma de huracán, o brisa fresca. 
¡Todo, menos venir para acabarse 
como se acaba, al fin, nuestra existencia!





Concha Méndez (1898-1986) fue una escritora de la Generación del 27, una sinsombrero amante de los deportes, los viajes, la literatura y la vida independiente y libre de los hombres de su época. Fue amiga de Buñuel, Lorca, Maruja Mallo, Alberti, Cernuda, Juan Ramón Jiménez. Junto a su marido, Manuel Altolaguirre, contribuyó a la difusión de la obra del grupo de la Generación del 27 desde las revistas literarias que dirigió. Debido a la Guerra Civil, se vio obligada a exiliarse y nunca regresó a su país. 



sábado, 2 de septiembre de 2017

DULCE ET DECORUM EST

Millones de hombres jóvenes fueron a la guerra de 1914 entusiasmados. Unos meses de heroísmo por la patria, pensaban. La exaltación de la muerte romántica, la de las canciones de gesta, los cuadros épicos y las novelas exaltadas. A los dos años, tras la batalla del Somme y varios millones de muertos en el lodo maloliente de las trincheras, el patriotismo heroico quedaba muy lejos, y lo que sentían la mayoría de soldados queda retratado en este impactante poema de Wilfred Owen, escrito desde el frente. 



Doblados en dos, como viejos mendigos envueltos en sacos,

las rodillas rotas, tosiendo como brujas, maldecíamos en el lodo,
hasta que le dimos la espalda a las bengalas que acechaban
y hacia nuestro lejano descanso avanzamos con dificultad.
Los hombres marchaban dormidos.
Muchos habían perdido sus botas,
pero seguían, cojeando, cubiertos de sangre. 
Todos lisiados y ciegos;
ebrios de fatiga; sordos incluso a los zumbidos
de las bombas de gas que caían suavemente a sus espaldas.

¡Gas! ¡Gas! ¡Rápido, muchachos! –un éxtasis al revolvernos,
ajustándonos las torpes máscaras justo a tiempo,
pero aún alguien gritaba y se movía, tropezándose
y confuso como un hombre envuelto en llamas o en cal viva.–
Turbio a través de los neblinosos cristales y la espesa luz verde,
como bajo el verde mar, lo vi ahogarse.
En todos mis sueños, ante mi visión impotente,
tira de mí, consumiéndose, atragantándose, ahogándose.

Si tú también, en algún sueño sofocante, pudieras caminar
detrás del carro al que lo arrojamos,
y pudieses ver los blancos ojos retorciéndose en su cara,
su cara que cuelga, como un diablo enfermo de pecado;
si pudieses oír cómo, con cada bache del camino, la sangre
va saliendo a borbotones de sus pulmones corrompidos con espuma,
obscenos como un cáncer, amargos como el bolo alimenticio
de viles e incurables llagas en lenguas inocentes;
mi amigo, no dirías con tal celo
a los niños ardientes por una gloria desesperada,
la vieja Mentira: dulce et decorum est
pro patria mori.




Wilfred Owen (1893-1918) fue uno de los poetas que mejor retrataron el horror de la primera guerra mundial. Tras un periodo de convalecencia, en el verano de 1918 decidió volver al servicio activo en Francia, a pesar de que podría haberse quedado en Inglaterra indefinidamente. Sentía la necesidad, o el deber, de seguir contando los horrores de la guerra con su poesía, y no podía hacerlo sin estar cerca de ellos. Murió durante el cruce del canal Sambre-Oise, una semana antes del final de la guerra. Tenía 25 años. 



sábado, 19 de agosto de 2017

YO ME LEVANTARA, MADRE...

Nos gusta el Romancero viejo porque nos evoca la tradición popular de la Edad Media, y hace que nos imagemos a sus protagonistas como héroes cuya leyenda supera su propia vida, hermosas doncellas enamoradas de su caballero: en definitiva, personajes de cuento. Además, su ritmo perdura en nuestra memoria como la musiquilla infantil con la que hemos querido acompañar estos versos. 



Yo me levantara, madre,
mañanica de San Juan,
vide estar una doncella,
ribericas de la mar.
Sola lava y sola tuerce,
sola tiende en un rosal;
mientras los paños se enjugan
dice la niña un cantar:
Do los mis amores, do los,
¿dónde los iré a buscar?
Mar abajo, mar arriba,
diciendo iba un cantar,
peine de oro en las sus manos
y sus cabellos peinar:
dígasme tú, el marinero,
que Dios te guarde de mal,
si los viste a mis amores,
si los viste allá pasar. 




La creación del Romancero es una de las grandes conquistas de la literatura en España. Transmitidos de generación en generación por vía oral, estos breves poemas épicos y líricos, cuyo origen se remonta a los antiguos cantares de gesta, encontraron su redacción escrita y con ella su supervivencia en todos los dominios del ámbito hispánico, de forma que influyeron en gran parte de la poesía posterior. 


sábado, 12 de agosto de 2017

ES YA

Conocimos a Álvaro Tato en persona hace pocas semanas, gracias a unos amigos amantes del teatro que nos invitaron a ver Siglo de Oro, siglo de ahora, la obra que dio a conocer a Ron Lalá como una de las compañías de teatro más originales, divertidas y comprometidas del momento. Salimos de la obra riendo y nos despedimos de Álvaro emocionados por su cercanía, su talento y la asombrosa intensidad de su cariño. Y pensamos a la vez que el próximo poema para nuestro blog tenía que ser uno suyo. 


Mañana blanca,
largo paseo,
cama de hierba 
mirando al cielo
es ya. 

Día de fiesta,
flor en el pelo,
sabor a boca
de beso lento
es ya. 

Mano en la mano
y cuerpo a cuerpo
la frágil calma
que lava el tiempo
es ya. 

La luz descalza
sobre tu pecho
tensa en el arco
de un parpadeo
se va. 

Es ya y se va. 




Álvaro Tato (1978) es actor y director de teatro, músico y poeta, y combina estas facetas de su talento escribiendo los textos de las obras de Ron Lalá, la compañía de teatro y música de la que es fundador y que es un espectáculo de inventiva, humor y crítica mordaz. Su formación filológica le hace adentrarse en los textos con la maestría de quien los ha estudiado con intensidad y por eso consigue con asombrosa facilidad en su poesía alcanzar la sencillez de los ritmos y la musicalidad populares tan apreciados por nosotros.


sábado, 5 de agosto de 2017

AY, QUÉ PRONTO ESTÁ SOLO

Hay quien puede crear literatura en medio del ruido: con niños gritando alrededor o mecidos por el ruido interminable de las cafeterías o los aeropuertos. Sin embargo, para escribir, todos necesitamos estar solos con nuestros pensamientos, con la idea que perseguimos o con la Musa de la que habla Bettina von Arnim, aquella que nos devuelve nuestro amor embellecido. 


Ay, qué pronto está solo 
el hombre solitario;
los otros viven, aman
y a él le dejan su pena. 

En cambio, no está solo
el que se lanza al mundo,
pero ama y vive cosas
que nunca existirán. 

Mas quien se dio a la Musa
no rehúye estar solo,
presiente que ella lo ama
y desea ser amada,

que corona su copa 
y consagra sus penas
con dádiva tan cierta
que vuelve eterno todo;

le florece en el pecho 
la llama de la vida,
percibe en lo divino
el ser más terrenal. 





Bettina von Arnim (1785-1859) fue una de las escritoras alemanas más conocidas de la época del Romanticismo. De familia ilustrada, se casó con el poeta Achim von Arnim, con quien tuvo una relación poco acorde con las normas sociales de la época: a ella le encantaba el bullicio de la ciudad y a él, la tranquilidad del campo, así que ella vivía con sus hijos en el centro de Berlín y él a las afueras, y pasaban juntos las vacaciones de verano. Mantuvo una intensa correspondencia con Goethe (aunque él no siempre correspondiera a la calidez de sus cartas), y fue una activista apasionada en defensa de los derechos de las clases más desfavorecidas y, en especial, de las mujeres. 


sábado, 29 de julio de 2017

CARACOL

Conocimos la labor de Marta López Vilar con el libro (Tras)lúcidas, una antología de poesía escrita por mujeres en los últimos treinta años, mujeres que no habían tenido la visibilidad que su talento merecía y que la tradicional homogeneidad masculina en el panorama poético de nuestro país había relegado al silencio. Nos gustó la selección, nos gustó la idea y así, de forma natural, llegamos a los poemas propios de esta autora y nos quedamos con este.


Miro tu lentitud,
la traza de luz que abandonas a tu paso
como la savia derramada de los árboles.
Eres el pequeño dios de la sed
que atraviesa las hojas y la noche
en su infinito reposo.
Te observo sin heridas
y miro mis manos: sombras de nieve
que tocaron la muerte con tu mismo sigilo. 





Marta López Vilar (1978) es poeta, traductora y profesora de universidad.
Ha publicado tres poemarios y la antología de mujeres poetas contemporáneas (Tras)lúcidas.




sábado, 15 de julio de 2017

EL POEMA

¿Por qué creamos arte con palabras?
¿Para curarnos? ¿Para trascendernos?
¿Para aliviar nuestra soledad? ¿Para vivir otras vidas?
Quizá todas las posibles respuestas a estas preguntas se puedan resumir en este poema.



El poema me llevará en el tiempo
Cuando yo ya no sea la morada del tiempo
Y pasaré sola
Entre las manos de quien lee

El poema alguien lo dirá
A los sembrados

Su paso se confundirá 
Con el rumor del mar con el pasar del viento

El poema habitará 
El espacio más concreto y más atento

En el aire claro en las tardes transparentes
Sus sílabas redondas

(Oh antiguas oh largas
Eternas tardes lisas)

Aunque yo muera el poema ha de encontrar
Una playa donde romper sus olas

Y entre cuatro paredes densas
de honda y devorada soledad
Alguien su propio ser se confundirá 
Con el poema en el tiempo






Los poemas de la portuguesa Sophia de Mello Breyner (1919-2004) están escritos como si no fuera a leerlos nadie nunca, con esa calma e intimidad que uno reserva para un diario o para las cartas de amor a amantes que ya no están. Son filosóficos y enigmáticos, maravillosamente musicales, y también sensuales y políticos. Buscan una verdad con la que reorganizar el caos de la vida, el caos propio e íntimo de cualquiera que busque trascendencia en el amor o en los recuerdos. Y también una verdad para la gente, como una forma de activismo político, porque "una verdad a medias es como habitar medio cuarto / ganar medio salario / tener sólo derecho / a la mitad de la vida."